domingo 18 de noviembre de 2007

De la Falsa Libertad.

Al neoliberalismo le es tan fácil asirse de la bandera de la libertad, por una razón fundamental. Tanto el inicial liberalismo como esta armazón ambigua llamada neoliberalismo, dedican gran parte de sus esfuerzos constates al establecimientos de límites tenues, pero concretos en los cuales fundamentar la libertad, provocando por tanto una especie de dicotomía en la expansión de su lógica. Por una parte, hacia el interior de los Estados, existirá la preocupación por organizar los espacios necesarios para el posible ejercicio de una libertad, como es señalado por Foucault[1]. Por lo mismo, nada dentro de esos círculos finitos, puede atentar directamente contra algún punto del neoliberalismo, pues inmediatamente se le criminalizará y se le hará aparecer como un atentado hacia las demás libertades (o hacia los otros círculos finitos donde se faculta el concepto de libertad); Por otra parte, los Estados hacia el exterior, es decir, hacia su encuentro con otros Estados, tendrán una relación de complejidad para evitar deslegitimar su lógica, atentando ellos contra las libertades, por esto mismo, buscarán bajo su conveniencia, criterios de diferenciación cualitativos entre cierto círculo de países (básicamente aquellos en donde domina la ideología liberal), y el Resto, atrasado, antidemocrático, etc. Así lo haría Europa en el siglo XIX, así lo sigue haciendo Estados Unidos. Esto además tiene una gran ventaja estratégica, de legitimación recíproca con el Mercado. Este Mercado es central, por lo demás, en la misma construcción del ideal de libertad, a partir de la naturalización del Mercado (o de las reglas de éste), el Estado consiente en la necesaria no intervención o mínimo Estado, configurando espacios para libertades. Sin embargo, y es ahí donde hago hincapié, este retiro “formal” del Estado de ciertos lugares de la vida pública, se traslada a una supervigilancia, más tenue, y a la vez, más precisa de aspectos de la vida del humano, que hacen innecesario un estricto control de la vida pública (siempre y cuando las manifestaciones generales se mantengan dentro del parámetro ideológicamente permitido), pues se intenta modificar las personas, para que el orden sea lo menos cuestionado posible, o que el cuestionamiento sea comprendido por la mayoría como falso, terrorista, delictivo, etc. La elaboración del programa neoliberal, sobre todo luego de mitad del siglo XX, deja pequeñito a los totalitarismos, en cuanto a su enorme control de las masas, puesto que poseen el aderezo de enarbolar la libertad, y la verdad. Siendo siempre para los países, bien visto, la mantención de la seguridad, concepto que permite en ciertos momentos, olvidar la importancia de la Libertad. De todas maneras, alguna vez espero hablar más de seguridad, no ahora. Lo importante es tratar de develar como el Estado logra mantener la manipulación de los conceptos, sin caer en las facilidades que brindan la resposabilización de centros específicos o de estructuras. Pues la mantención, tal como la implantación de la ideología neoliberal, debe ser entendida en su complejidad, si se aspira a su destrucción, sino se puede caer en proyectos errados (en miras de la consecución de verdaderas libertades, verdaderas oportunidades, etc.), como la sobre-estatificación, la conglomeración del poder en gobiernos centrales increíblemente poderosos, en fin, intentos que no desarticulan de raíz ni el Estado típico, ni las relaciones propiamente capitalistas-liberales (no tanto o no sólo a nivel comercial), sino que en un grado mucho más sutil de interacción y de apropiación de las verdades.



[1] Foucault, Michel, Nacimiento de la Biopolítica: curso en el Collège de France: 1978-1979. Bs. As: Fondo de Cultura Económica, 2007.

martes 18 de septiembre de 2007

A propóstio de 18.


(El texto surge a partir de la lectura de "¿Que nación?..." de Monica Quijada)



Desprendemos del análisis del texto una importante consideración, la cual se incrusta hasta nuestros días en las discusiones que se dan a nivel, incluso, planetario. La consideración apunta hacia la manipulación y utilización del concepto de patria, a tal punto que esta no existiría, al menos no, como fue elaborada por el discurso liberal y patriota de la independencia y construcción de la nación.


Se reconoce como algo prácticamente indiscutible el sentido de pertenencia que deriva del entorno físico y social inmediato, siendo ésta la primera acepción de patria. Es decir, aquí se manifiesta en todo su esplendor el sentido propiamente afectivo del lazo que liga al individuo con la llamada patria, pudiendo llegar a ser solamente su aldea. No carece de sentido y, es más, parece ser parte del ser humano declarar esta pertenencia, dotar a sus vecinos con quienes trata a diario de una carga afectuosa, que no necesariamente es beligerante frente a un “otro”, sino que sencillamente se genera por la cercanía. Sin embargo (y es aquí donde ponemos nuestro énfasis), cuando el sentimiento que genera la invocación a la patria es utilizado por elites para afianzar un poder que de otra manera jamás podría verse establecido, pierde su sentido primario e incluso necesita de una hostilidad, para unificar a estos extrañados miembros de la nueva patria. En el caso americano, una vez perdido el lazo que une a los pueblos con la corona (hermanándolos y obligándolos al sometimiento, bajo el yugo de un poder que viene del más allá, pero que se ejerce homogéneamente sobre la mayoría del continente americano), estos pueblos ya no se ven unidos por nada entre sí, solamente por aquellos lazos primigenios que se dan entre ciertas etnias, pero que nada tienen que ver con la mayor parte de los criollos y mestizos. Así, quienes se interesan en mantener u obtener el poder deben construir un nuevo ideal que, deshaciendo las diferencias, logre unificar e imponer cierto “orden” en este heterogéneo territorio. Lo que nace de ahí, son construcciones de estados-naciones sobre sentimientos de pertenencia, básicamente, irreales.


Es más, este sentimiento será llamado desde distintos ángulos según convenga a los intereses, ya sea desde una “patria americana” o de sentidos más localistas, lo que deja claro que esta intuición de patria, este sentimiento que surge espontáneamente por un trato cotidiano y una historia común, será usado a conveniencia, manipulado y atravesado por intereses, ya sea, con absoluta certeza (casi maquiavélicamente) o con una pretensión republicana ingenua y, quizás, ignorante de las reales condiciones americanas.


Uno de los principales errores tal vez en la gestación de esta fantasía patriota es que se delimita ésta a una división político-administrativa de orden colonial, que poco tenía que ver con la pertenencia efectiva a aquella zona. Ante lo cual se debe construir todo un discurso y una maquinaria simbólica que, poco a poco, congregue a estos nuevos feligreses de la patria naciente. Incluso, la guerra le será útil al discurso patriota, logrando lo que difícilmente se lograría por vías naturales (lo cual sí es logrado por la concepción de patria primitiva), es decir, articular sentimientos de unidad en el marco de un territorio y una base de integración/diferenciación artificialmente introducido. Además, una vez asumido este concepto de patria por las elites revolucionarias, se asocia al de libertad importado desde Francia, pero una libertad fundada sobre falsos parámetros de asociación (impuestos de arriba hacia abajo) que deriva en necesidad expansiva y en recelos a los vecinos que, en principio, no tuvieron por qué existir, pero que la necesidad de afianzar esta falsa unidad obligó a generar.


Es entonces cuando se puede apreciar que este patriotismo es, incluso, perjudicial en el sentido que excluye y ataca la libertad de cualquier vecino entendido como ajeno a la patria, hecho que criminaliza a quien, sólo por parámetros artificiales, no es miembro de ésta (sobre todo en la formación nacional de Latinoamérica). Más aún, el principio de este patriotismo manipulado ataca directamente el mismo concepto que se le asocia desde la Revolución Francesa (“… la tierra de hombres libres y, por tanto, felices…”[1]), en la medida en que coarta directamente el ejercicio de la libertad de asociación, por lo cual, “el patriotismo que tiende a la unidad al margen de la libertad, es un patriotismo malo, funesto siempre a los intereses populares y reales del país que pretende exaltar y servir; amigo, a menudo sin quererlo, de la reacción, enemigo de la revolución, es decir de la emancipación de las naciones y los hombres.”[2]


Por tanto, la patria tal como se nos quiso hacer llegar, a través del discurso independentista, presidencial, militar, institucional, etc. No es obra más que de intereses, pues difícilmente se encuentra arraigada a un sentimiento de pertenencia anterior, de hecho si es que este sentimiento se da, es más por la influencia de una elite sobre la mayoría de los individuos que algo espontáneo que hubiere nacido del conglomerado asociado en un territorio determinado y, más aún, el concepto (y la praxis consiguiente) traiciona el otro de los grandes principios, con el que se enarboló. La libertad.


Así las cosas, la patria no existe ni como concepto ni como genuina referencia a una agrupación, pues traiciona a sus mismas raíces y es altamente manipulada. Además, es muy improbable, que un concepto como tal logre tener una significación que le haga justicia, producto de su genealogía contaminada y de las condiciones que su utilización ha generado en la realidad mundial, tanto a nivel administrativo como en las conciencias. Ante lo cual no cabe más que su absoluta abolición como referencia a cualquier segregación entre los seres humanos y no una reformulación, pues su sentido primigenio (el único que le otorga validez sustantiva, en cuanto no ha sido manipulado por divisiones estrictamente político-administrativas) está ya obsoleto.



[1] Quijada, Mónica. ¿Qué nación? Dinámicas y dicotomías de la nación en el imaginario hispanoamericano del siglo XIX, p. 5. Las cursivas son nuestras.

[2] Bakunin, Mijaíl. Obras completas V. III, Las ediciones de La Piqueta, Madrid, 1979, p. 55.

sábado 1 de septiembre de 2007

De educación popular.

Personalmente, con esto abandono cualquier pretensión de verdad (que por lo demás ha de ser inexistente), creo que la educación (instrucción) popular, si bien no inútil es, a lo menos, insatisfactoria.

Estimo, primero que todo, que la falta de educación es un serio problema, que genera, perpetúa y agranda las diferencias existentes en las sociedades. Sin embargo, lo esencial no será nunca el dotar de una instrucción básica a los que se encuentran desfavorecidos, en cuanto a posibilidad de educarse. Puesto que, en las actuales condiciones (como también en toda la época moderna), el día a día provocará un desgaste y una desconfianza en el sistema educacional (formal y/o informal) de mayor relevancia que lo que la intervención periódica podría hacer, es decir, los deseos de recibir educación, junto a las posibilidades que supuestamente ésta abriría, sucumbirán casi inevitablemente a las necesidades más inmediatas e, incluso, a los intereses familiares que puedan estar depositados sobre quienes reciban dicha educación. Debido, a que la brecha educacional viene de generaciones anteriores a la que se vería beneficiada, es difícil que haya una comprensión por parte de quienes “gobiernan” la familia de la relevancia de la educación y, es más, yo tampoco lo comprendo completamente. Es decir, si dependo exclusivamente de mi trabajo para alimentarme, preferiría obviamente conseguir uno, antes que educarme, luego, si estoy toda mi vida trabajando sin descanso para la subsistencia preferiría que mi hijo me ayudase, ya sea, a obtener los medios con menos esfuerzo o a conseguir un “bienestar mayor.” Por otro lado, visto algo más periféricamente; ¿En cuánto contribuye la instrucción al real mejoramiento de las condiciones de vida de la población en general? Supongo, sólo supongo, que no en mucho, pues las condiciones se mantienen iguales, lo que cambian son ciertas herramientas que permiten alcanzar un relativo mejoramiento de las condiciones de vida, pero que no mejoran, a nivel general, nada.

Se me dice constantemente que este tipo de instrucción va acompañada de una serie de otros valores, que junto a esta formación básica contribuiría a desarrollar individuos críticos dentro de las comunidades con mayores problemas. Si es así no es en absoluto desechable, mas sí (vuelvo a decirlo), insuficiente o insatisfactorio. Suponiendo en un caso ideal que, superando el primer problema (la falta de confianza de los mismos educandos en ésta) se logra el objetivo fundamental, la formación de individuos críticos. De qué forma se enfrentarán a un mundo (sobre todo pensando en el mundo laboral, una vez terminada o no la educación obligatoria) que, básicamente, no ofrece alternativas, menos a quienes dependen más directamente del salario, de una forma terroríficamente probable, con la resignación o con la marginación.

En definitiva, la necesidad de educar no se detiene ahí, no es de esperar que cualquier revolución se de sola, en la medida que las conciencias de a poco se vayan poniendo a un “mismo nivel” (por lo demás arbitraria y nebulosamente consensuado). La idea de la instrucción igualitaria se da hace mucho más de un siglo, sin resultados sustanciales. Incluyendo ciertas ideas que lleven a generalizar una conciencia, difícilmente se conseguirá algo. Si no se abre las sendas para una utilización efectiva de los conocimientos sobre la necesidad de la justicia, la igualdad, la libertad, etc. Es carente de sentido y, más aún, conserva el tipo de relaciones que se dan en la sociedad, es decir, si no se desestabiliza consciente y constantemente el tipo de sociedad, tendremos que seguir esperando un despertar que, probablemente, llegue con Cristo y esté escrito en el Apocalipsis. No se necesita todavía unos doscientos años de generación de conciencia, no se puede aguardar si es que algo se quiere lograr, más bien sería la hora de asumir responsabilidades y arriesgarse un poco más, más allá de la satisfacción personal que la educación popular propicia. Si es que de verdad se quiere lograr algo, creo yo que ésta es insuficiente, como también los intentos desestabilizadores, por su inconstancia quizás o por una serie de motivos (que no detallaré aún), pero que los hacen ver como meros incidentes o actos “vandálicos.”

sábado 25 de agosto de 2007

Ideas subyugdas

Si en el asunto se desea innovar, no podemos seguir bajo los mismos objetivos de todas las ideas que hemos escuchado como proyectos a lo largo de nuestras vidas.

Al parecer, las ideas que han prevalecido en el tiempo, y logran la tan afanada legitimidad de la sociedad son las que piensan por y para ella, de una manera trascendente y estable, las que le prometen el mayor orden posible, o más bien dicho, estabilidad.

No es un supuesto, pero perfectamente se puede inferir que el hombre es un ser que busca la tranquilidad, la paz, la plenitud, estar cómodo consigo mismo y con los demás. Es por esto, que todas las ideas que tienen como fin, proyecto, meta a cumplir, logran aceptación, y legitimizan como validad, como una alternativa para lograr la tan anhelada felicidad social, y por supuesto, individual.

El ser humano deposita sus esperanzas en lograr esta satisfacción, plenitud y paz consigo mismo y con los demás, llamaremos a este estado de catarsis, felicidad. Esta será la definición que tomaremos para este tan discutido concepto.

Puede plantearse un camino propio para lograr una felicidad sin considerar al resto, quizás por esto muchas religiones (orientales en especial) logran esta afluencia, individuos que quieren ser felices consigo mismos. “si estás bien contigo, estarás bien con los demás”. Es válido, un camino que a mi parecer es en extremo individualista, aunque se defiendan de esta característica, ya que la misma connotación de la palabra individualismo no es muy positiva que se diga, ya que, por lo general se concibe al hombre como un ser social, el hombre bueno es el que es bueno para con lo demás, y son lo demás los que le otorgan este titulo de aparente nobleza. Bueno. El punto es que se está evadiendo en parte a la sociedad en su conjunto, el individuo es una isla en ella, que pone énfasis en su persona para lograr este estado de catarsis. En esencia es a eso lo que se aspira con esos métodos para alcanzar la felicidad, la catarsis.

Otros empeñan su vida causas netamente sociales, serían el hermano gemelo de los individualistas, estos aparentes idealistas que sueñan con propósito común, que supuestamente nos hará felices, y se fundan bajo los preceptos de igualdad, fraternidad y la tan cuestionada, libertad.

Obviamente que buscan el reconocimiento, pero no indagaré en las causas que los motivan para lograr dicho fin, ya que siento que es paja molida, que son seres débiles, incapaces de sujetarse a sí mismo, y necesitan la aprobación de su medio externo inmediato para sentirse aprobados. Se hacen llamar altruistas, pero también les gusta el término bueno. “hay hombres que luchan un día…”. No son más que unos hijos de puta.

Unos terceros individuos son mezcla de ambos. Presuponen que el individuo es ser social, que necesita del resto, pero plantean que no todos tienen el mismo concepto de felicidad, que no a todos el mismo objeto les causará la denominada catarsis, y prefieren convivir en paz, en una vida social marcada por el individualismo. Individualismo social quizás podríamos decir que es la doctrina que siguen muchos demócratas, liberales, y cosas por el estilo. Esos que nunca se juegan el pellejo, y que aman la palabra consenso, acuerdo, mayoría, contrato, conversación, mesa de diálogo, representatividad, bienes social e individual, y la tan manoseada: progreso.

Y este es el punto; el progreso, es esta maravillosa palabra la que manosean todos, el progreso será alcanzado por tal o tal vía, con éste método traeremos el paraíso a la tierra, donde hombres, mujeres, niños, ancianos, animales, parapléjicos, empresarios, sacerdotes, cafiches, punks, micreros y artistas podamos vivir en PAZ.

Pero cuál es la idea?, se necesita imponer un fin, el humano necesita esta constante búsqueda para poder seguir viviendo, la vida al parecer, bajo estos conceptos, es un constante soñar.

Si se desea innovar, se debe hacer algo que no nos permita soñar, que no nos permita cree, algo que no sea colectivo, los colectivismos sociales están manoseados, se necesita una idea que no parta del supuesto de que el hombre será feliz en relación a demás, si no de que el hombre puede sujetarse a sí mismo, ser el constructor, el artífice de su destino y de su vida misma, material y/o ideal.

Se debe romper con las connotaciones establecidas, crear una nueva concepción de la ciencia y de la filosofía, y dejar de lado los términos antiguos y reemplazarlos por otros nuevos, o más aún, ir más allá, y derribar el significado de estos para concebir unos propios. Se puede decir que nos amenaza una incomunicación. Pero quién la desea si cada uno va a sujetarse a sí mismo?, asociarse con quién le dé la gana y no con quien una estructura le obligue?

Es complicado el asunto, muy imposible, pero si una idea así puede surgir de las ideas ya existentes. Por qué va a ser tan difícil que esta misma se materialice?

miércoles 15 de agosto de 2007

Género posmo.

Hombre y mujer, en principio, somos iguales; tenemos similares deseos, buscamos las mismas cosas, satisfacemos las mimas necesidades, y de una relación esperamos por lo general, lo mismo: cariño, comprensión y compañía. Si la conjugación de estos tres factores es armoniosa, de seguro se observará una linda relación de pareja, en la cual, el sexo jugará un papel complementario, y no será el centro del asunto… a no ser de que sea una relación netamente carnal y sin afectividad de por medio (a veces una de las partes experimenta ciertos sentimientos, pero por lo general, no son de carácter mutuo en este tipo de relaciones), ya que se presupone, que este tipo de seres no está buscando estos tres factores, y sólo desea satisfacer el deseo por el complemento del cuento.

Desde hace algún tiempo, vengo escuchando el argumento de las señoritas que se denominan a sí mismas lesbianas (o bisexuales en algunos casos), que para entablar una relación de carácter amoroso, prefieren hacerlo con una persona de su mismo género, ya que los “hombres” (obsérvese que para referirse a “ellos” usan un tono de voz que denota desagrado) sólo piensan en sexo, sexo y más sexo.

Este argumento me parece absurdo, ya que si bien, aparentemente los hombres se “entregan” más fácil que las mujeres, es porque éstas últimas están determinadas culturalmente (en nuestro contexto al menos) a ser más recatadas, disimuladas, pulcras, y con su mente alejada de la libido, etc. Y todas esas características que parecen pertenecer a nuestras abuelas (a las que tengan una vieja cuica como abuela eso si!). Si las mujeres se entregan tan ligeramente como lo hacen los hombres, son catalogadas de maracas, putas, perras, inmundas, cualquiera, y muchos otros apelativos, cosa que no sucede con los hombres (en realidad esto ha cambiado un tanto en los últimos años, pero se debe más al avance en lo que es materia de igualdad de oportunidades entre ambos géneros; pero curiosamente, a pesar de que la mayoría de las feministas plantean que tanto hombres como mujeres somos iguales, en materia de sentimientos, el asunto varía, cosa que me parece realmente patética y carente de sentido).

Pero en materia de sentimientos, impresiones, sensaciones, quizás hasta de esencia somos lo mismo. Nuestras capacidades intelectuales no están marcadas por el género, ni mucho menos por factores culturales, que son los que creo que influencias directamente en nuestra de forma de relacionarnos socialmente.

Aún así, existen diferencias, surgidas a raíz de la interacción entre la mente y el cuerpo. El segundo determina fuertemente a la primera, ya que esta debe asumir cuales son sus capacidades físicas, y eso de por sí debe dejar ciertas llagas en lo que es formas de pensar y todo eso.

Si se dice que hombres y mujeres sentimos de distinta manera, de verdad pienso que eso influenciado por la interacción a lo largo de la vida (en especial durante la etapa del crecimiento) de estos dos parámetros del individuo.

En fin, lo que no entiendo, es que como algo tan serio, como el, elegir con quien (o con cuál género) entablar una relación sentimental puede ser decidido por el descarte “no quier a alguien caliente, ah! Los hombres son más calientes, mm, las minas igual están bien, aah,. Me hago lesbiana” uuh, cómo ¿!. Los niveles a los que llega la superficialidad y la búsqueda de identidad en este mundo posmoderno.


El asunto, es que lo que se debe combatir son estas absurdas diferencias creadas por la cultura, de carácter apolíneo, y no enrolarse en esa irracional lucha de sexos con esos pseudo-argumentos de “Porque los hombres son así y las mujeres así”

lunes 13 de agosto de 2007

Poder/Violencia

El poder es el lenguaje de la política. Nada nuevo, cientos de pensadores y no tan pensadores han dicho lo mismo, desde diversas áreas y, para el caso, no importa demasiado, la cosa es que se juega con el poder. A pesar de que hay algunos personajes que intentarán blanquear siempre los objetivos de la política hacia el bien común, en la práctica y en mucha teoría el bien común es la tarea secundaria, la primera es obtener el poder y luego conservarlo. La concertación es un ejemplo bastante bueno.

La política tiene otra gracia, el ejercicio de su poder depende de un factor que entre más democrático el sistema de gobierno, más se intentará ocultar, pero siempre, siempre, permanece, aún cuando se hace gala de lo contrario. El factor es la violencia.

Sobre todo si analizamos la política desde un punto de vista sistémico (pero no sólo así), el poder es el lenguaje con el cual se entendería a nivel de estructura el sistema político, pero con la violencia oculta o no, extendiéndose sobre todas las personas que forman el pueblo dominado por aquel sistema y dispuesta a ser utilizada por este poder cuando sea necesario. Sin embargo, de esta misma forma se entiende el poder como la amenaza latente de la violencia, por lo tanto, cuando ésta es utilizada el poder desaparece, el órgano se ve cuestionado por personas que no se han subyugado a la dominación del régimen, es decir, de alguna forma ha perdido poder sobre ese grupo humano, pero le queda la violencia, el reducir aquellos individuos al polvo si es que es conveniente para la conservación de éste. A pesar de eso, difícilmente podría acabar con todos aquellos en que algún momento se le oponen o intentan liberarse del poder opresor, por lo que, siempre quien gobierna utilizará la violencia en contra de individuos que componen y soportan el armazón gobernante.

Por otro lado, las personas, nosotros no tenemos mayor poder a nivel de estructura social, quien crea ciegamente en la democracia tiene menos poder aún, pues sólo mantiene una lógica que en nada beneficia a la sociedad en su conjunto. Ahora, si no tenemos mayor poder para intervenir, por definición tenemos algo, tenemos la violencia. Carentes de poder, sólo quedaría la violencia, la posibilidad de arriesgar el cuerpo, cuerpo que está marcado desde el nacimiento por las formas de dominación vigentes en la correspondiente época. No le queda a la población más que el ejercicio del contrario de la moneda del poder, sin embargo, se corren muchos riesgos. Desde que en una negociación posterior a una etapa de protesta, no se haga nada más que entrar en un juego de continuidad con las políticas dominantes y que, en el fondo, no provoque nada al poder sino que, por el contrario, contribuya a que se haga más fuerte; Hasta que el uso de la violencia produjese contradicciones irreconciliables entre la masa de personas que ocupan el mismo campo, es decir, que debiesen actuar en conjunto, ambos sectores, como huérfanos de poder suficiente.

Por eso creo necesario el actuar hasta las últimas consecuencias, pero no como si la violencia nos llegara y no supiéramos que hacer con ella, como algo que nos dominara a la vez, sino sabiéndola herramienta, sabiéndola nuestra como uso legítimo de la falta de poder, del abuso de un lado de la moneda en contra de las personas que carecemos de forma de combatirlo, que hasta ahora no hemos podidos percatarnos que ante un poder exageradamente extendido, tenemos respuesta y legítima.