Al neoliberalismo le es tan fácil asirse de la bandera de la libertad, por una razón fundamental. Tanto el inicial liberalismo como esta armazón ambigua llamada neoliberalismo, dedican gran parte de sus esfuerzos constates al establecimientos de límites tenues, pero concretos en los cuales fundamentar la libertad, provocando por tanto una especie de dicotomía en la expansión de su lógica. Por una parte, hacia el interior de los Estados, existirá la preocupación por organizar los espacios necesarios para el posible ejercicio de una libertad, como es señalado por Foucault[1]. Por lo mismo, nada dentro de esos círculos finitos, puede atentar directamente contra algún punto del neoliberalismo, pues inmediatamente se le criminalizará y se le hará aparecer como un atentado hacia las demás libertades (o hacia los otros círculos finitos donde se faculta el concepto de libertad); Por otra parte, los Estados hacia el exterior, es decir, hacia su encuentro con otros Estados, tendrán una relación de complejidad para evitar deslegitimar su lógica, atentando ellos contra las libertades, por esto mismo, buscarán bajo su conveniencia, criterios de diferenciación cualitativos entre cierto círculo de países (básicamente aquellos en donde domina la ideología liberal), y el Resto, atrasado, antidemocrático, etc. Así lo haría Europa en el siglo XIX, así lo sigue haciendo Estados Unidos. Esto además tiene una gran ventaja estratégica, de legitimación recíproca con el Mercado. Este Mercado es central, por lo demás, en la misma construcción del ideal de libertad, a partir de la naturalización del Mercado (o de las reglas de éste), el Estado consiente en la necesaria no intervención o mínimo Estado, configurando espacios para libertades. Sin embargo, y es ahí donde hago hincapié, este retiro “formal” del Estado de ciertos lugares de la vida pública, se traslada a una supervigilancia, más tenue, y a la vez, más precisa de aspectos de la vida del humano, que hacen innecesario un estricto control de la vida pública (siempre y cuando las manifestaciones generales se mantengan dentro del parámetro ideológicamente permitido), pues se intenta modificar las personas, para que el orden sea lo menos cuestionado posible, o que el cuestionamiento sea comprendido por la mayoría como falso, terrorista, delictivo, etc. La elaboración del programa neoliberal, sobre todo luego de mitad del siglo XX, deja pequeñito a los totalitarismos, en cuanto a su enorme control de las masas, puesto que poseen el aderezo de enarbolar la libertad, y la verdad. Siendo siempre para los países, bien visto, la mantención de la seguridad, concepto que permite en ciertos momentos, olvidar la importancia de la Libertad. De todas maneras, alguna vez espero hablar más de seguridad, no ahora. Lo importante es tratar de develar como el Estado logra mantener la manipulación de los conceptos, sin caer en las facilidades que brindan la resposabilización de centros específicos o de estructuras. Pues la mantención, tal como la implantación de la ideología neoliberal, debe ser entendida en su complejidad, si se aspira a su destrucción, sino se puede caer en proyectos errados (en miras de la consecución de verdaderas libertades, verdaderas oportunidades, etc.), como la sobre-estatificación, la conglomeración del poder en gobiernos centrales increíblemente poderosos, en fin, intentos que no desarticulan de raíz ni el Estado típico, ni las relaciones propiamente capitalistas-liberales (no tanto o no sólo a nivel comercial), sino que en un grado mucho más sutil de interacción y de apropiación de las verdades.
[1] Foucault, Michel, Nacimiento de la Biopolítica: curso en el Collège de France: 1978-1979. Bs. As: Fondo de Cultura Económica, 2007.
2 comentarios:
la volaiiita :O
y qué pasó que no siguieron publicando?
la marida :P.
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